lunes, 27 de agosto de 2018

 
 
La miniserie de thriller psicológico Heridas abiertas (Jean-Marc Vallée, 2018. HBO) basada en la novela homónima de Gillian Flynn (Sharp Objects, 2006), hace gala de una puesta en escena extremadamente cuidada. La posición de la cámara y el diseño de producción consiguen una oscura atmósfera que comienza como en toda buena serie desde el mismo oppening.

Las interpretaciones son magníficas, sobre todo las de Amy Adams y Patricia Clarkson, geniales y creíbles en un discurso que en principio pudiera parecer misógino, debido a la imposibilidad de encontrar una buena mujer en su oscura trama, ya que la periodista Gillian Flynn parece haber recurrido al manual diagnóstico de enfermedades mentales (DSMIV) para caracterizar a las protagonistas con amenazantes trastornos mentales.

Así, la neurótica madre Adora Crellin (Patricia Clarkson) padece el abominable síndrome de Munchausen por poderes, mientras que su hija Camille Preaker (Amy Adams) padece un trastorno límite de la personalidad (TLP) que la induce a autolesionarse. El resto de personajes femeninos, como las inquietantes compañeras de colegio de la protagonista convertidas en madres tradicionales, la alcoholizada amiga Jackie O’Neill (Elizabeth Perkins) o las rebeldes putillas adolescentes que forman parte del inquietante paisaje del pueblo natal de Camille. Mientras que los personajes masculinos se presentan sin fisuras. El varonil y  atrayente detective Richard Willis (Chris Messina) y el paternal jefe Bill Vickery (Matt Craven) todo ponderación

Sin embargo, pese a lo que pueda parecer, estamos ante un discurso feminista con el que la propia escritora busca equiparar en maldad a ambos sexos y contrarrestar así el estereotipo según el cual, la mujer no pueden hacer el mal. Siguiendo la novela, la serie trata de mostrar, como ya hicieran cineastas como Luc Besson, que las mujeres, aunque con medios diferentes, también hacen el mal.